El día primero de mayo del año en curso, me encontraba caminando junto con mi pareja de nombre Alan Gerardo García, por Avenida Tecnológico rumbo hacia el parque metropolitano “BICENTENARIO” de Metepec, Estado de México.

Nos encontrábamos en dicha avenida, agarrados de la mano, cuando decidimos detenernos para tomar un descanso en la sombra de un edifico. Nos quedamos ahí como diez minutos mientras los transeúntes y peatones, se nos quedaban viendo de manera indiferente y los que andaban en carro nos gritaban: “putos”, “maricones”, “nos chiflaban”, entre otros insultos.

En ese descanso nos dimos unos besos y estábamos abrazados. Cuando decidimos seguir el camino, una patrulla (camioneta) se nos acercó, y con ella tres policías municipales; nos pidieron que nos detuviéramos y luego que nos subiéramos al vehículo. Mi pareja Alan se subió de manera inmediata y por mi parte, me rehusé a subirme a la camioneta exigiéndoles a los policías que me mostraran una orden o que nos dijeran el porque nos estaban deteniendo. El motivo, según los policías, fue el de “daños y faltas a la moral”. Me subieron entre tres policías y luego nos transportaron a los sepáros de la procuraduría de Metepec por dichos cargos.

En el transcurso del “viaje” le reclamaba al policía, diciéndole que lo que él cometía era discriminación, a lo que el simplemente respondió que “si quería lo podía demandar, pero que yo estaba cometiendo una falta y que no le importaba”.

Ya en los sepáros nos tomaron nuestros datos personales, había alrededor de nueve policías municipales, observando el partido de futbol; nos dijeron que eso no se hacía en vía pública; que nosotros no deberíamos de salir y que había momento y lugares para hacer lo que hacíamos. Nos retiraron nuestras posesiones ante cámara, nos dijeron que nos quitáramos cinturón y agujetas y nos pasaron a una revisión médica, que no tuvo ninguna trascendencia porque no se realizó ningún tipo de chequeo como tal.

Nos metieron, posteriormente, a la celda en compañía de cuatro sujetos que se encontraban ahí por posesión y uso de drogas. En el momento contacté desde mi celular a la familia, porque no nos permitieron realizar una llamada como tal. Después de un tiempo aproximado de 20 minutos mi madre llegó explicándonos asuntos que los policías no nos habían dicho anteriormente como el tiempo que íbamos a permanecer ahí (36 horas aprox.) o cuánto era la multa para sacarnos.

La multa fue de 450 pesos que se pagaron de manera inmediata para sacarme a mí; después de unos 25 minutos conseguimos el dinero para sacar a Alan. En el momento de sacarlo, un policía de la recepción me dijo lo siguiente: “Te salió caro mano, deberías mejor de acostarte con una vieja en un hotel”.

También algo muy importante, fue el hecho de que se les solicitó de la manera más atenta a los policías que se nos expidiera u otorgara un recibo o comprobante por la cantidad de dinero que se les estaba dando; no se nos dio nada.

Según lo explicado a mi madre, nos metieron ahí debido a que estábamos tocando “nuestras partes íntimas” en vía publica. Al final la “multa fue de 900 pesos y salimos en un lapso de 45 minutos.

Más tarde, contacte a CODISEM (Consejo de la Diversidad Sexual del Estado de México) para ver que se podía hacer en estos casos; ellos me contactaron con la séptima regidora de Metepec la Lic. Nora Brenda Aguilar Jardón, encargada del departamento de equidad degénero. Me recibió el día de hoy (2 de mayo) su particular el Lic. Rolando Salinas a quien le expuse mi caso y me ayudó a levantar una queja en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, en el departamento de dicho municipio y también una queja en la contraloría de Metepec para denunciar el hecho de que no se nos dio ningún recibo por el pago que se nos obligó a hacer.

Hasta ahorita la queja ya está hecha y solo se espera que se le dé un seguimiento como tal.

Mi nombre es Ricardo Coyotzin Torres, soy estudiante de comunicación de 22 años de edad.

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