Mathew Shurka, un estadounidense de 27 años, se vio forzado a alejarse durante 3 años de su madre y hermana luego de que sus consejeros estudiantiles le dijeran que “estaba recogiendo demasiado comportamiento femenino de las mujeres”.

Desde los 16 años, el joven realizó todas las consignas que los “curas gay” le ponían, aún cuando su madre no estaba de acuerdo con dicha terapia.

“Era muy difícil llegar a casa y no poder acercarme a mi madre”, dijo Shurka.

Afortunadamente, a los 21 años Mathew acudió con un terapeuta, pues le fue imposible resistir a tantas limitaciones, y allí supo que la homosexualidad no es ninguna enfermedad y que no se trata de una condición patológica.

Con el tiempo, el hombre se fue aceptando a sí mismo y ahora es embajador de la campaña “#BornPerfect” en el Centro Nacional para los Derechos de las Lesbianas, una lucha contra las ‘terapias de conversión‘.

Con información de Gay Star News.

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