Estados Unidos.- El Centro de Investigaciones Pew en Washington D.C., realizó un estudio en el que preguntó a miembros adultos de la Comunidad LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Trans) sobre 3 momentos específicos de su vida: el primer momento en que pensaron que eran gays, el primer momento cuando estuvieron seguros de ser homosexuales y la primera vez en que contaron a un amigo o familiar que eran gays.

En promedio, los hombres encuestados dijeron que sospechaban desde los 10 años, lo sabían o estuvieron seguros a los 15 y decidieron hablar de su orientación sexual con un familiar o amigo a los 18 años de edad.

En el caso de las mujeres, en promedio ellas comenzaron a sospechar a la edad de 13 años, estuvieron seguras a los 18 y lo dijeron a un familiar o amigo a los 21 años de edad.

Para los padres de familia representa un reto vivir con uno de sus hijos “en el clóset”.Puede pasar toda la niñez sin que los papás se enteren y puedan apoyarlos correctamente.

De los adultos participantes en el estudio, apenas 6 de cada 10 les han dicho a sus padres que son homosexuales; el resto se lo ha dicho a otros familiares y amigos, pero destaca un 13 por ciento de los adultos LGBT que aún no le han contado a nadie sobre su orientación sexual.

A medida que las actitudes de la sociedad evolucionan, las edades en las que las personas salen del clóset van disminuyendo.

El estudio realizado por el Centro Pew se hizo por medio de internet, lo que permitió proteger las identidades de los participantes, con la esperanza de que más personas se animaran a responder la encuesta. Ritch Savin-Williams, psicólogo de la Universidad de Cornell, explica que una de las mayores dificultades para los investigadores es encontrar el testimonial de aquellos homosexuales que aún están “dentro del clóset”.

Las costumbres socialmente aceptables, provocan una gran diferencia en las edades en que hombres y mujeres se dan cuenta de que son gays. 

Según el estudio, las niñas tardan más tiempo en darse cuenta que son lesbianas pues la sociedad no ve mal, por ejemplo, que entre niñas vayan tomadas de la mano, se besen en la mejilla, intercambien pulseras “de la amistad”, entre otras costumbres. Es por ello que demoran en darse cuenta que tal vez una de sus mejores amigas, en realidad es una chica que les gusta.

Por otro lado, los chicos gay aprenden desde muy pequeños que toda clase de demostración de afecto físico entre ellos está mal visto, y de cierta manera esto les ayuda a darse cuenta que su atracción física hacia otros niños va en contra de lo moralmente aceptado.

“La liberación de hormonas de la glándula suprarrenal, o adrenarquía, suele ocurrir a partir del tercer grado (escolar)”, afirma Savin-Williams.

Dentro del estudio completo realizado por Ritch Savin-Williams, se encontró que los adolescentes LGBT por lo general recurren a su madre, cuando se lo cuentan a un familiar por primera vez, luego le piden consejo para dar la noticia a su padre. Los abuelos son, cuando se tienen, los últimos en enterarse.

Respecto a las reacciones, el estudio reafirma algunas que van desde la aceptación, pasando por la tristeza de los familiares, el enojo, la negatividad, y hasta la violencia, en muchos casos los adolescentes que salen del clóset son echados de sus hogares.

Sin embargo destaca que las madres son mucho más emocionales al enterarse de que su hijo es gay, sobre todo por las implicaciones que esto tiene en su futuro. Los padres escuchan, dicen “ok” y listo, afirma Savin-Williams.

Fuente |  NJ

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