Rodeada por el Océano Atlántico por un lado y por la Gran Bahía del Sur por el otro, este pequeño trozo de tierra es un paraíso gay a apenas dos horas de Nueva York. Como os informábamos el otoño pasado, los destrozos que causó Sandy en la zona parecían comparables a los del huracán de 1938, pero los trabajos de recuperación posteriores han avanzado rápido y ya todo está en marcha, desde las underweare party  a la Ascension party, el 16 de agosto, la más esperada del verano.

Como nos recordaba Nelson Nuñez hace un tiempo, los paradores gays son Pines y Cherry Grove, separados por un kilómetro que puedes hacer en acuataxi (más caro), caminando por la playa, o por un sendero entre la maleza, muy bien indicado, del que salen caminitos tributarios donde siempre hay chicos explorando la naturaleza humana.

Eso sí, el hospedaje bastante caro y escaso, pues estos pocos hoteles están repletos con mucho tiempo de anticipación. También existe la posibilidad de ir y venir en el día, ya que hay barcos hasta altas horas de la noche. Mucha gente alquila casa, por supuesto, allí todas son de diseño, que se comunican entre si por decks (senderos de madera), ya que todo es natural en esta isla.

Hay fiestas todas las noches. Es un clasico el Low Tea, música a las 6 de la tarde en Pines, que después continua a las 20 horas con el High Tea, una party en una disco en un primer piso con grandes vistas al mar.

El 4 de julio se celebra, la “invasión” de barcos de drag queens a la isla. Eso supone fiesta de drags todo el día, inspirado en la época en que los gays “no querían” allí a las travestis, que terminaron imponiéndose con el tiempo, y celebran desde entonces esta “invasión” cada año.

Fuente: Ocio Gay

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