“En el momento de la construcción de un edificio abundan las fotografías; pero éstas son inexistentes en el momento de la destrucción”, responde el fotógrafo y artista Georges Rousse cuando se le pregunta por la historia de esos sitios abandonados que son motivo de su obra, a la vez que parecen cobrar una nueva vida, empezar a contar otra historia cuando entra el trabajo de este creador francés.

Es uno de los grandes innovadores en el mundo de lafotografía. Nacido en París en 1947, Rousse trabaja especialmente con espacios abandonados, ruinas de las ciudades que interviene en una suerte de composiciones que integran foto y pintura. Pero no hay un interés por documentar o ver con nostalgia esos lugares: lo que él busca es analizar y preservar la relación de la pintura con el espacio.

Sus trabajos en varias ciudades han sido objeto de retrospectivas en Europa, Estados Unidos, Asia. En 2014 realizará obras en México y prepara una exposición en el marco del proyecto “Mano a Mano Francia-México”; en una primera etapa trabaja con el Laboratorio Arte Alameda.

En septiembre, Rousse presentará una exposición y dos instalaciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile; este año participará en un proyecto de caridad en una de las ciudades perdidas más grandes de Mumbai que busca asociar obras de jóvenes franceses en reinserción con las de jóvenes indios. Hoy tiene dos exposiciones personales en curso, una en Francia y la otra en Saboya.

Lo primero fue fotografía, aclara el artista, en entrevista vía correo electrónico: “Siempre tuve particular inclinación por las construcciones en ruinas, fábricas en desuso, edificios abandonados que constituyeron terrenos de juego de mi infancia. Recorrí y fotografié esos sitios para memorizarlos con la imagen y recoger cierto ambiente”.

Lo segundo fue llevar el color y la pintura a esas ruinas: “Mi gusto por la pintura me condujo a usar esos lugares como una especie de taller itinerante y empecé a pintar personajes directamente en los muros, los techos, el suelo, para obtener una foto, o sea una imagen plana. Desarrollé en mis obras esta relación entre espacio, pintura y foto siguiendo propuestas plásticas, como también una relación con el sitio, su historia y su cultura”.

¿Cómo es la búsqueda de un espacio?

Cuando empecé este trabajo vivía en París. Caminaba por las calles y observaba los espacios vacíos y abandonados. Con frecuencia esos sitios estaban en proceso de demolición. Llegaba solo al sitio, el sábado por la mañana y debía terminar mis pinturas y fotografías el domingo por la noche porque al día siguiente proseguiría la destrucción. Ahora, la mayoría de las veces, se me propone intervenir en edificios notables o no notables. Comienzo por pasearme en los sitios y por fotografiarlos, por encontrar el espacio más interesante en su interior, por su arquitectura, la calidad de la luz. Siempre tengo varios proyectos paralelos. Trabajo a partir de las fotos de lo que detecté, para así impregnarme del espacio y lo reproduzco en acuarelas. Escojo el que parece aportar más invenciones y novedades.

¿Cómo eran sus fotos al inicio de su carrera, y cómo fue el proceso para llegar a su obra actual?

Mis primeras fotografías fueron paisajes del tipo americano, en blanco y negro, y siempre de sitios en ruinas. En esa época me turbó mucho el Cuadrado blanco sobre fondo blanco de Malévitch, que cuestiona toda la historia del arte. También descubrí a los artistas del Land Art y sus intervenciones en el paisaje. A partir de ese instante mi actividad fotográfica se tornó plástica y opté por intervenir en mis sitios predilectos, las ruinas.

El Cuadrado blanco sobre fondo blanco fue para mí un desenlace. De cierto modo reproduje la historia de la pintura empezando por introducir lo figurativo insertando a personajes en el campo fotográfico para después interesarme en la relación de la pintura con el espacio. De la figuración a la abstracción. La diversidad y las propuestas de intervención en los sitios me llevaron hacia un cambio en mi modo de acción hasta transformar aún más radicalmente el espacio interviniendo en la arquitectura de los lugares y creando en ellos arquitecturas incongruentes.

¿Qué importancia tiene la historia de los sitios que?

Lo que importa es la memoria de los sitios, casas, bodegas, hospitales, como rastro de donde trabajaron y vivieron personas antes de que se destruyeran y desaparecieran. Organicé una memoria fotográfica alrededor de las instalaciones. Sentía como se desarrollaría la tragedia ante mi mirada sin que se conservara rastro alguno. En el momento de la construcción de un edificio, abundan las fotos; son inexistentes en el momento de la destrucción. Deseé dar un status diferente a esos lugares. De un simple atestado fotográfico se convierten en taller del artista, a veces en obra. Les doy una última función para concluir una existencia rica en vivencias y transformaciones.

En esos sitios busco huellas del pasado, con frecuencia conservo pequeños objetos que ruedan por ahí, pero mi finalidad no es ilustrar la historia del lugar. Yo invento una nueva historia para cada nueva instalación.

Estos sitios destartalados y magníficos, excepcionales al ser la suma de múltiples degradaciones de los hombres, la intemperie, son sitios de poesía, islotes de libertad en la ciudad. Por eso los fotografío y los transformo.

¿Qué le dicen los lugares abandonados acerca de las ciudades actuales?

Lugares abandonados existen en todas las ciudades y me agrada el momento en que los visito con motivo de un proyecto de exposición o cuando yo solo los descubro.

Lo más importante para mí reside en el hecho en que el sitio va a desaparecer y que antes deseo guardar una huella. Si bien el trabajo no es una ilustración del pasado del lugar, sí se nutre con las impresiones a través de la literatura; una imagen puede desprenderse de una novela, pero también del cotidiano vivir de los barrios, con frecuencia populares de donde extraigo materias, materiales, formas, colores. Esos elementos son únicos, cada barrio, cada ciudad y cada país tiene una especificidad que trato de percibir y de traducir en la obra que se realizará.

¿Nos hemos acostumbrado a ver esos espacios bajo un estigma del lugar abandonado, desolado, la ruina de las ciudades?

En Europa tenemos un gusto particular por las ruinas cargadas de historia. Numerosos estudios hablan de la reconstitución idéntica, la búsqueda de los elementos originales de una simple casa de una ciudad antigua. Pero nos desinteresamos de los edificios más contemporáneos como una casa de los suburbios, bodega, fábrica, salvo si se trata de arquitectura clasificada.

¿Piensa que hoy en el siglo XXI se abren nuevos universos, temas, opciones, formas, lenguajes para el arte de la fotografía?

Actualmente los lenguajes del arte proliferan en todas sus formas con la introducción de soportes y medio creados cada vez más rápido por la tecnología. En la fotografía, la aportación de lo digital cambió profundamente las prácticas y las formas artísticas. A mí me interesa preservar esa relación de la pintura con el espacio más que trabajar en la imagen, por eso me atrae tanto trabajar en los espacios reales. No creo obra perenne con el fin de preservar toda la magia de la imagen fotográfica que produzco …que por el momento ningún software puede igualar.

Fuente | El Universal

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