En la planta alta del Museo Diego Rivera Anahuacalli se pueden ver, restaurados, tres bocetos que son la memoria de lo que fue el mural El hombre en la encrucijada , creado en Nueva York por el pintor mexicano, bajo encomienda de John D. Rockefeller, mismo que ordenó su destrucción hace justo 80 años.

En total, en esa sala del recinto ubicado en Coyoacán, aparecen 17 bocetos de distintos murales del pintor, que en los últimos cuatros años fueron recuperados. Nunca salieron ni podrán salir del museo; por disposición del propio artista, en su testamento, las obras deben permanecer ahí al igual que todo el archivo que conserva el Museo Frida Kahlo.

La más reciente restauración fue de cuatro bocetos, todos de grandes dimensiones. Tres de éstos fueron creados en Detroit, a finales de 1932, para el mural del Centro Rockefeller que se demolió por orden del propio empresario estadounidense.

En ese mural el artista se refirió a la ciencia, la tecnología, el desarrollo de la industria, la tiranía.

Esos tres bocetos fueron dibujos preparatorios para El hombre en la encrucijada , y dos tienen las dimensiones que alcanzarían en la obra final; miden poco más de cinco metros de altura, están hechos con carbón sobre papel kraft y corresponden a los paneles laterales: el izquierdo es La muerte de la idolatría, (La liquidación de la superstición) y en él, Júpiter toma el rayo para transformarlo en energía eléctrica que será utilizada para mejorar la vida. El derecho muestra La muerte de la tiranía, y se aprecia al César con la imagen de la trinidad revolucionaria: obrero, campesino y soldado.

El tercer dibujo El hombre técnico mide tres metros de ancho, pero se trata de una de las versiones más elaboradas del mural: un trabajo a tinta, carbón y gouache sobre papel. No figura aquí el retrato de Lenin, que sí pintó Diego y que generaría la destrucción del mismo, pero es una composición muy cercana a la que plasmaría en el Rockefeller.

Del mural El hombre en la encrucijada, quedan estos bocetos. Su restauración, paradójicamente, se ha realizado ahora con el apoyo de Bank of America Merril Lynch.

Al rescate

Las restauradoras Olga Daniela Acevedo Carrión, Alejandra Odor Chávez y Daniela Pascual Cáceres coordinaron el proceso de limpieza y recuperación de las obras. Trabajaron de lunes a sábado, con cinco restauradoras más. Con ellas estuvo Karla Niño de Rivera Torres, coordinadora del área de Conservación y Exposiciones de los Museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli.

Daniela Acevedo explica que “la idea era lograr una estabilización de los bocetos, y la recuperación de la unidad visual. Los bocetos habían sufrido fracturas importantes y se trata de que cuando te acerques a la obra lo primero que veas no sea la fractura, sino que veas la obra”.

Acerca de lo que representa trabajar con un boceto del reconocido Diego Rivera, la restauradora afirma: “Lo más impactante de la obra de Diego Rivera es la soltura del trazo. Lo puedes ver en todas sus obras, incluso en estos que eran bocetos. El trazo es muy característico, no son líneas cortadas, ni peludas, y con esa monumentalidad es todavía más impresionante”.

La también restauradora Karla Niño de Rivera describe que el proceso inició con el desmontaje de los bocetos, luego de que se les puso en horizontal se hizo el desmarcado y, sobre las mesas de trabajo se llevó a cabo la restauración en sí, para corregir colores, fracturas, arrugas.

Sobre el estado en que se encontraron, Acevedo comenta: “El papel es súper sensible a los cambios de humedad y temperatura. Por su monumentalidad, aumentan las tensiones del papel. Encontramos arrugas, problemas de decoloración, la pérdida de plano que es algo grave y fracturas que interrumpen la imagen. La pervivencia dependerá de condiciones estables de humedad y temperatura en el Museo”.

Con apoyo de Bank of America se restauró también un boceto del mural El Agua, del Cárcamo de Chapultepec. El Museo Anahuacalli conserva bocetos de Rivera sobre lienzo, en lino crudo y otros sobre papel. Algunos ya habían sido trabajados en los años 80; en los últimos cuatro años se habían restaurado los otros con apoyo de la Cámara de Diputados; estos cuatro necesitaban más. Quedan pendientes algunos de menor tamaño, aclara Hilda Trujillo.

La directora de los Museos Diego Rivera-Anahuacalli y Frida Kahlo, explica que entre los otros bocetos se pueden ver, por ejemplo, un boceto del mural que Diego Rivera hizo para el Palacio de Cortés, en la ciudad de Cuernavaca, tres de los preliminares para los 21 paneles que creó en Estados Unidos después de que Rockefeller le pagó por el mural El hombre en la encrucijada, y el boceto de un mural que hizo para exposición en Bellas Artes, que Carlos Chávez no quiso exponer, que se envió a la URSS y que se perdió en China. Aquel mural se llamaba Pesadilla de guerra. Sueño de paz, data del año 1952 y la pérdida fue hacia 1954.

“Mucha gente dice que ese mural no salió de México, pero encontramos en los archivos una carta que da cuenta de que el mural estuvo en Checoslovaquia. Ese mural está perdido. Nada se sabe de él”, comenta la directora Hilda Trujillo.

A la par se publica el libro El hombre en la encrucijada. El mural de Diego Rivera en el Centro Rockefeller (Trilce) con la historia de la destrucción del mural, con documentos inéditos.

Fuente: El universal

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